domingo 26 julio 2026 - 13:08
La versión italiana del caso George Floyd / el expediente de Abdelrahim Fakar y los dobles estándares de Occidente

Hawzah/ El asesinato de Abdelrahim Fakar, un hombre marroquí de 42 años y musulmán, en la ciudad italiana de Bolonia, tras la intervención de la policía y la difusión de un video del incidente, ha provocado amplias reacciones.

Agencia de Noticias Hawzah – Un video grabado por un ciudadano y difundido en las redes sociales muestra a Fakar, mientras era inmovilizado en el suelo por agentes de policía, pidiendo auxilio y diciendo: “No puedo respirar”. Ahora el sistema judicial italiano debe, mediante una revisión precisa, esclarecer las dimensiones de este hecho y cualquier posible responsabilidad; porque la justicia solo se sustenta en la búsqueda de la verdad y en un examen imparcial.

Los críticos consideran que la forma en que la policía trató a Fakar recuerda el caso de George Floyd en Estados Unidos, un expediente que se convirtió en uno de los símbolos mundiales de protesta contra la violencia policial.

Tras la difusión de este video, se celebraron concentraciones de protesta en Bolonia. Junto a las protestas pacíficas, algunos sectores de esas concentraciones derivaron en violencia, y los informes dieron cuenta de enfrentamientos con las fuerzas policiales y de daños a bienes públicos y privados. La familia de Fakar también subrayó que el dolor por su muerte no debe transformarse en violencia ni destrucción.

Pero este incidente plantea una pregunta fundamental: si algo similar ocurriera en Teherán o en otro país criticado por Occidente, ¿sería la reacción de los medios y de los políticos occidentales la misma?

¿Acaso quienes cometen actos de vandalismo, atacan a las fuerzas de seguridad y generan disturbios callejeros son juzgados con el mismo criterio en todos los países? ¿O en algunos casos, según la posición política de un país, esas mismas conductas cambian de nombre: de “violencia” a “protesta”, “resistencia” o incluso “lucha por la libertad”?

La violencia, independientemente de la geografía y la política, tiene una naturaleza igual. La destrucción de bienes públicos, el ataque a las fuerzas de seguridad y la violación de la ley no pueden ser condenados en un país y legitimados en otro mediante justificaciones políticas.

Los medios de comunicación también desempeñan un papel importante en la formación de la opinión pública. La elección de las palabras, las imágenes y el ángulo narrativo puede modificar la percepción de la gente sobre un hecho. Cuando un mismo suceso se interpreta con criterios distintos en diferentes países, según los intereses políticos, la imparcialidad mediática da paso a la construcción política del relato.

Si una sociedad afirma defender la justicia y los derechos humanos, debe aplicar esos mismos criterios a todos los países y pueblos, sin excepción. La verdadera justicia solo adquiere sentido cuando se libera de la dependencia de los intereses y alianzas políticas, así como de las consideraciones geopolíticas.

El caso de Abdelrahim Fakar no trata únicamente sobre la muerte de un hombre; es también una prueba para medir el grado de compromiso del mundo actual con principios como la justicia, la dignidad humana y la honestidad en el juicio.

Porque una justicia que cambia de rostro según el país, el gobierno o los intereses políticos, deja de ser justicia; se convierte en una herramienta al servicio del poder.

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