Según informa la Agencia de Noticias Hawzah, en este artículo se analizan los motivos y las consecuencias del uso del término «hutíes» en la narrativa mediática sobre la evolución de Yemen.
En la guerra de las narrativas, a veces las palabras cambian antes de que los hechos sean distorsionados. La elección de un título aparentemente sencillo puede construir en la mente del público una imagen muy diferente de un país, de una nación y de sus acontecimientos políticos. Uno de los ejemplos más notables de este fenómeno se observa en la cobertura mediática de los acontecimientos en Yemen, donde ciertos medios y funcionarios políticos, en lugar de utilizar expresiones como «el gobierno de Yemen», «el pueblo de Yemen» o «las fuerzas armadas de Yemen», emplean la palabra «hutíes», como si todo un país y su sociedad pudieran reducirse al nombre de una corriente política.
Esta forma de nombrar se hace más patente, en particular, al cubrir las posturas de Yemen respecto a Palestina, la guerra de Gaza, el enfrentamiento con el régimen sionista y los acontecimientos en el mar Rojo. En muchos informes, las acciones anunciadas o ejecutadas por las fuerzas armadas yemeníes se reflejan con frases como «los hutíes amenazaron» o «los hutíes atacaron barcos», cuando en realidad el asunto en cuestión es, en muchos casos, la postura oficial de las instituciones radicadas en Saná o una operación de las fuerzas armadas de este país.
El término «hutí» proviene del apellido de Husein Badreddin al-Huti, fundador del movimiento Ansarolá, y se utiliza en la literatura histórica y política para referirse a dicho movimiento. Por lo tanto, emplear este título para identificar específicamente al movimiento Ansarolá no es incorrecto ni ofensivo; el problema surge cuando esta palabra sustituye el nombre de un país, de su pueblo o de sus instituciones gubernamentales, atribuyendo todos los acontecimientos de Yemen a una sola corriente política.
Una de las consecuencias de esta denominación es la reducción de un movimiento político y social a un título familiar. A lo largo de los años de su actividad, Ansarolá se ha convertido en una corriente con una estructura política, organización, perspectivas y una base social propia. El uso constante del término «hutíes», especialmente cuando reemplaza el nombre del movimiento, puede generar la impresión de que nos enfrentamos a un grupo limitado y dependiente de una familia, y no a una corriente política que ha desempeñado un papel influyente en la evolución de Yemen durante las últimas décadas. Este modo de nombrar oculta a los ojos del público la complejidad en la formación y expansión de este movimiento, así como los contextos sociales de su presencia.
Por otro lado, las palabras en el espacio mediático no siempre poseen la misma carga semántica. En algunos informes, la denominación «hutíes» puede utilizarse simplemente para aludir a Ansarolá; sin embargo, su combinación con expresiones como «milicias hutíes» o su repetición junto a vocablos negativos puede transformarse en una herramienta para estigmatizar y perfilar una imagen desfavorable de este movimiento. En semejante narrativa, antes de que el público conozca las posturas, el desempeño y las razones de una corriente, ya se ha formado en su mente un juicio predeterminado sobre ella.
Otro aspecto a considerar es el impacto de esta literatura en la representación de la base social de Ansarolá. Cuando un movimiento se presenta de manera constante con el apellido de su fundador, puede inducirse la idea de que su actividad e influencia dependen exclusivamente de un círculo familiar o un grupo restringido. No obstante, para comprender la posición de cualquier corriente política, es necesario prestar atención a sus antecedentes, estructura, simpatizantes y contextos sociales. Por supuesto, esto no significa que las opiniones de todo el pueblo yemení coincidan con las de Ansarolá, del mismo modo que no se puede ignorar la oposición de una parte de la sociedad hacia este movimiento.
La propagación de este término en los medios occidentales y en algunos medios árabes tampoco ha sido ajena a la consolidación de dicha imagen. Cuando una expresión se convierte en la palabra dominante en la cobertura informativa de una crisis, es probable que otros medios repitan el mismo patrón, aun existiendo títulos más precisos para describir el evento o la institución en cuestión. De este modo, una elección léxica se transforma gradualmente en el marco habitual para relatar los acontecimientos, un marco que no necesariamente refleja todas las dimensiones de la realidad.
Naturalmente, es preciso distinguir entre los diferentes usos de esta palabra. Si el objeto de la noticia es específicamente la postura o la acción del movimiento Ansarolá, el uso de su nombre o de su designación reconocida resulta comprensible; pero si la información trata sobre el pueblo de Yemen, las instituciones gubernamentales instaladas en Saná o las fuerzas armadas del país, sustituir todas estas denominaciones por el término «hutíes» reduce la precisión periodística.
Su comentario