miércoles 21 octubre 2026 - 21:27
Irán, primera potencia mundial según cálculos divinos

El Líder Supremo de la Revolución, el ayatolá Seyyed Mojtaba Hoseini Jamenei, calificó recientemente a Irán como la primera potencia mundial con base en los cálculos divinos. Al respecto, el Hojyatalislam Seyyed Mofid Hoseini Kuhsari, responsable de Asuntos Internacionales de los Seminarios Islámicos de Irán, expuso en un encuentro los criterios que sustentan dicha primacía.

La Agencia de Noticias Hawzah – Cuando en el marco de las valoraciones religiosas, divinas y coránicas se afirma que Irán constituye la primera potencia mundial, ¿sobre cuáles criterios y premisas se fundamenta tal aseveración?

El Hojyatalislam Seyyed Mofid Hoseini Kuhsari, responsable de Asuntos Internacionales de los Seminarios Teológicos de Irán, explicó que identificó siete ejes de análisis: «Deseo contrastar estos criterios con la situación actual de la República Islámica de Irán y comprobar si tales factores convergen en las condiciones vigentes de la nación y si, en su conjunto, nos conducen a concluir que Irán ocupa el primer lugar en el escenario mundial según los parámetros religiosos y coránicos».

Primer criterio: la continuidad de la autoridad divina y la soberanía religiosa

El Hojyatalislam Seyyed Mofid Hoseini Kuhsari señaló que la inserción de un sistema político en la continuidad del mandato divino y la materialización de la soberanía de Dios constituyen el primer criterio de poderío.

«Uno de los parámetros de las valoraciones religiosas y coránicas radica en determinar en qué medida un país se sitúa en la línea de continuidad con la autoridad y la soberanía divinas».

Al remitirse a la jerarquía de la autoridad en la concepción doctrinal, añadió: «En las aleyas coránicas, la autoridad divina se extiende hacia la de los profetas de Dios; la autoridad profética se engarza con la de los Inmaculados Imames (con ellos sea la paz) y este cauce prosigue a través del mandato de los siervos justos de Dios».

El catedrático de los centros teológicos evocó seguidamente la doctrina del Wilayat al-Faqih (tutela del jurisperito islámico) en el pensamiento religioso y revolucionario.

«La tesis del Wilayat al-Faqih se halla instituida en la República Islámica de Irán con arreglo a esta estructura y encarna una de las manifestaciones y premisas del poder divino. En dicho sistema, en efecto, la soberanía queda definida sobre la base de la autoridad de la Noble Familia del Profeta (Ahlul Bayt) y los profetas divinos».

Al subrayar que este parámetro ha de ponderarse a la luz de los fundamentos de la fe y del Sagrado Corán, declaró: «A mi juicio, desde dicha perspectiva corresponde atribuir a la República Islámica de Irán un rango singular entre las naciones del orbe, por cuanto su estructura de gobierno se halla erigida sobre la doctrina del Wilayat al-Faqih y la continuidad de la autoridad divina».

Kuhsari analizó ulteriormente, bajo este mismo prisma interpretativo, el decurso del liderazgo en la República Islámica, al evocar la figura del Imam Jomeini, del Líder mártir de la Revolución y del actual Líder Supremo, el ayatolá Seyyed Mojtaba Hoseini Jamenei, haciendo hincapié en la vigencia y continuidad del mandato divino.

Definió este elemento como el criterio cardinal para calibrar el posicionamiento iraní conforme a las pautas coránicas de la fuerza, enfatizando que, con miras a calibrar la hegemonía desde la óptica religiosa, resulta indispensable aquilatar las bases y la estructura estatal en conjunción con los restantes factores.

Segundo criterio: la resistencia contra la tiranía y el auxilio divino

El titular de Asuntos Internacionales de las escuelas teológicas situó en la resistencia frente a los poderes despóticos y a las estructuras de dominación el segundo criterio evaluativo.

«En el esquema de los cómputos divinos, la fuerza que planta cara a las grandes potencias opresoras y a las corrientes hegemónicas se sitúa, desde el enfoque coránico, en un emplazamiento donde convergen el socorro providencial y el respaldo emanado de las leyes preestablecidas por Dios».

Al traer a colación las dos directrices de la autoridad divina y la soberanía satánica según el Corán, puntualizó: «Del mismo modo que el Corán expone la autoridad divina, la de los profetas, los Imames Inmaculados y los siervos justos, presenta en contrapartida el régimen de la soberanía satánica, el dominio de los poderes tiránicos y las corrientes antagónicas a la verdad».

Al aplicar esta premisa a la realidad iraní, Kuhsari expresó: «Al examinar el panorama internacional, constatamos una hostilidad de vasta envergadura y una marcada animadversión dirigida contra la República Islámica de Irán».

En alusión directa al régimen sionista de ocupación, al sionismo internacional, a Estados Unidos y a la confrontación medular desplegada por ciertos componentes de la civilización occidental frente a Teherán, agregó: «En el marco del análisis coránico aquí planteado, dicha confrontación representa un parámetro ineludible para calibrar el peso específico de la República Islámica».

El erudito reiteró a renglón seguido los fundamentos de su tesis: «Conforme a este sistema evaluativo, en la medida en que una corriente se halle asentada sobre la verdad y mayor resulte la animosidad que le profesen las potencias tiránicas y dominantes, más viable deviene su acceso al socorro providencial y a las legiones divinas».

El clérigo concluyó que la firmeza ante los centros hegemónicos y su imbricación con la asistencia divina constituyen factores determinantes para medir la potencia según el Libro Sagrado, los cuales deben considerarse de manera indisociable al resto de los elementos.

Tercer criterio: la comunión entre el Imam y la comunidad y el respaldo popular

El Hojyatalislam Seyyed Mofid Hoseini Kuhsari identificó en la articulación entre el Imam y la comunidad (Umma), así como en el grado de apego de las masas populares hacia la autoridad de Dios, Sus profetas y siervos justos, el tercer fundamento del poder divino.

«Desde la doctrina coránica, uno de los índices medulares de la fortaleza radica en el nivel de acatamiento y devoción del pueblo hacia el mandato de Dios, Su Enviado y Sus siervos íntegros».

A fin de ilustrar esta tesis, evocó el pasaje de Moisés (la paz sea con él) y los Hijos de Israel, recordando cómo el Corano censura a estos últimos por desoír el llamado de su profeta, ante el cual esgrimieron: «Id, pues, tú y tu Señor y pelead ambos; que nosotros aquí nos quedamos sentados» [Corán, 5:24].

Con base en este precedente escritural, Kuhsari calificó el acompañamiento popular hacia la guía divina como pilar decisivo de la potencia. Agregó que, bajo este prisma, adquiere trascendencia primordial lo que en la actualidad se define como la participación combativa y el respaldo activo de las masas populares.

Al proyectar este elemento sobre el contexto persa, afirmó: «Para calibrar la realidad desde este ángulo, resulta imperativo computar el nivel de apego, cohesión interna, firmeza y lealtad inquebrantable del pueblo iraní hacia la soberanía de Dios».

Al remitirse a la doctrina shiíta sobre la Ocultación del Imam de la Época (Imam az-Zaman, que Dios apresure su bendito regreso) y la función del jurisperito islámico en calidad de viceregente suyo, desglosó: «Bajo esta cosmovisión, el pueblo acata una conducción a la cual la mayoría no ha visto de forma directa y cuyo Imam no han presenciado físicamente; empero, su adhesión y lazo espiritual se estructuran mediante la certeza en la autoridad y en la legitimidad de dicha representación».

El docente aludió asimismo a las expresiones de apoyo popular perceptibles en latitudes foráneas: «En Irak, Líbano, Pakistán y Yemen se aprecian movimientos y movilizaciones de masas que se articulan en torno a la corriente de la autoridad religiosa y al paradigma instituido por la República Islámica de Irán».

En este sentido, trajo a la memoria la multitudinaria concentración del pueblo iraquí —alrededor de once millones de personas— en las honras fúnebres del Líder mártir de la Revolución, subrayando que semejante manifestación encarna una evidencia incontestable de los lazos socio-religiosos.

Kuhsari añadió que en el Líbano se aprecian formas análogas de movilización y que las poblaciones de Irak, Pakistán y Yemen se involucran activamente en los procesos políticos y sociales, fenómenos que emanan de la dialéctica entre el Imam y la comunidad y del vínculo indisoluble con la autoridad religiosa.

Remarcó finalmente que, al vincular este criterio con los demás componentes, la articulación social, la fidelidad hacia la jefatura religiosa y la estrecha compenetración entre el pueblo y la dirección política figuran como baremos indispensables para sopesar la envergadura real de la República Islámica de Irán.

Cuarto criterio: los cimientos epistémicos y la solvencia del discurso doctrinal

El Hojyatalislam Seyyed Mofid Hoseini Kuhsari ponderó el patrimonio teórico, cognitivo e ideológico de una nación como su cuarto criterio de supremacía.

«Una de las aristas capitales al desmenuzar el concepto de poder estriba en el acervo intelectual, cognoscitivo, filosófico y doctrinario sobre el cual descansa una sociedad».

Al destacar la imbricación de la República Islámica de Irán con las enseñanzas de los Inmaculados (Ahlul Bayt) y los postulados de los guías espirituales, acotó: «En virtud de este lazo intrínseco, disponemos de una cantera inagotable de saber, pensamiento, filosofía, mística, racionalidad y prudencia que debe ponerse en valor conforme a este parámetro».

El orador afirmó que, bajo tal prisma, el país puede capitalizar sus recursos epistemológicos y considerarlos factor motriz de su propia hegemonía.

Puntualizó asimismo que dicho caudal rebasa las fronteras geográficas: «Gracias a su imbricación con la doctrina de la Casa Profética, los Inmaculados Imames y el Noble Profeta del Islam (la paz sea con él y con su descendencia purificada), esta riqueza no queda circunscrita a los límites territoriales de Irán, sino que despliega su capacidad de influjo allende las fronteras».

Al precisar las aristas de este potencial ideológico, citó como componentes estructurales el Islam genuino, el Islam integral, el Islam civilizatorio, la gesta paradigmática de Ashura, el Islam revolucionario y la dialéctica de la Resistencia.

Subrayó que estas premisas resultan cardinales no únicamente en el plano dogmático, sino en el terreno de la elaboración teórica y la articulación del discurso político-ideológico, por lo cual se erigen en variables de obligada ponderación en el análisis comparativo entre Estados.

Al poner como ejemplo a China, reconoció: «China exhibe una notable pujanza económica y gravitación política; sin embargo, en lo tocante a solvencia ideológica, fondo epistemológico y capacidad de construcción teórica universal, no necesariamente ostenta atributos homologables».

De igual modo, refirió que Occidente solía jactarse en épocas pretéritas de un denso soporte civilizatorio, mientras que en la coyuntura actual encara una aguda bancarrota intelectual y valórica. Desde esta perspectiva, reiteró que la República Islámica de Irán disfruta de un emplazamiento preponderante sustentado en su doctrina islámica.

Kuhsari concluyó que, en la métrica coránica, la correlación de fuerzas no se tasa de modo privativo a través de variables económicas, tecnológicas o de orden militar: el sustrato intelectual y discursivo resulta imperativo para tipificar la primacía de un Estado.

Quinto criterio: solidaridad, espíritu de sacrificio y vocación de entrega

El responsable de Asuntos Internacionales de las instituciones teológicas identificó en el nivel de solidaridad colectiva, altruismo y abnegación social el quinto criterio de cálculo de fuerza.

«Una de las manifestaciones palpables del poderío conferido por Dios se plasma en la propagación, en el seno de la sociedad, de un espíritu unánime de solidaridad y disposición irrestricta a inmolarse por los demás».

Al hacer mención a la corriente del Jan-Fada (aquellos dispuestos a inmolar la propia vida en el cumplimiento del deber), enfatizó: «Presenciamos hoy un movimiento de masas en el que amplias franjas ciudadanas dan fe de su resolución para consagrarse al autosacrificio».

Al honrar a quienes ofrendaron su existencia en las más disímiles áreas de servicio patrio, apostilló: «En el seno de nuestra sociedad contamos con mártires en los servicios públicos, el sistema de salud, el resguardo de la seguridad y el sector educativo. Estas evidencias ratifican que el desprendimiento y la vocación de martirio reverberan transversalmente en los más diversos estratos».

Puntualizó que este sentido de abnegación no debe encasillarse en una facción en particular, sino que debe irrigar a toda la masa social con un temple generalizado de desinterés y entereza.

Al recordar la aleya coránica: «¡Oh, creyentes! Si auxiliáis a Dios, Él os auxiliará» [Corán, 47:7], el catedrático remarcó: «En la lógica dialéctica del Sagrado Corán, el socorro de lo Alto se halla condicionado al auxilio activo prestado a la religión divina y a la marcha inquebrantable de los hombres en el sendero de la justicia. Es por ello que la entrega personal y el espíritu de martirio integran los baremos capitales para justipreciar el poder desde la perspectiva coránica».

Concluyó señalando que este arrojo popular encarna una de las variables determinantes que corroboran la fortaleza de la República Islámica.

Sexto criterio: paciencia revolucionaria, perseverancia y resistencia combativa

El Hojyatalislam Seyyed Mofid Hoseini Kuhsari identificó en la paciencia (sabr), la perseverancia y la capacidad de resistencia del pueblo el sexto pilar de superioridad.

«Bajo la visión coránica, cuando un colectivo se halla premunido de tenacidad y resistencia, dicha postura genera de facto las condiciones para la atracción del socorro divino».

Al exaltar la trascendencia de la constancia en el logro de los objetivos estratégicos, precisó: «La paciencia y la capacidad de soportar los embates foráneos constituyen parámetros insoslayables en la estimación doctrinal de la correlación de fuerzas, por cuanto el rango de una nación no puede medirse coyunturalmente por un instante dado: se tasa por su temple para encajar y doblegar las adversidades».

El conferenciante acotó que, al asociarse la entereza a los demás factores antedichos, estas virtudes asumen un rol de primer orden en el cómputo de la potencia islámica.

Kuhsari articuló consecuentemente la paciencia y la resistencia junto con la adhesión al liderazgo islámico, la solidez ideológica y la abnegación, demandando su examen correlativo e integrador.

Séptimo criterio: unidad monolítica y cohesión en todos los niveles

El Hojyatalislam Kuhsari definió la unidad e integración global como el séptimo factor decisivo. Al traer a colación la aleya: «Y no disputéis entre vosotros, pues os desanimaríais y perderíais vuestra fuerza» [Corán, 8:46], apuntó que el Corán previene de modo tajante contra los peligros del faccionalismo y la discordia, que indefectiblemente precipitan la derrota y disipan el prestigio.

«Cuando una comunidad se fractura y declina de su cohesión, su fuerza e integridad se desmoronan. La unidad encarna, por ende, uno de los principios axiomáticos de la potencia según la lógica de la Revelación».

Al extrapolar este principio al escenario nacional, indicó: «En la hora actual, la articulación de voluntades entre el pueblo, los cuadros institucionales y la dirección de la Revolución atraviesa un estadio insoslayable de vigor, elemento que debe ser sopesado en conjunción con los demás factores».

Al destacar los nexos orgánicos que vertebran a las diversas agrupaciones políticas, la convergencia entre funcionarios de Estado, la interacción pueblo-autoridades y la comunión pueblo-Estado-Liderazgo, aseveró que tales vínculos constituyen una demostración palmaria de este principio.

Matizó, no obstante, que afirmar esto no supone soslayar divergencias secundarias o posturas aisladas, sino apreciar la síntesis dialéctica de la coyuntura general.

El clérigo concluyó que, evaluada la sociedad bajo el parámetro unificador, se comprueba una férrea cohesión entre las masas, la estructura de gobierno y la Jefatura Suprema, erigiéndose en un factor decisivo de potencia efectiva.

Capacidad combativa, armamento y vanguardia científica: factores complementarios

El Hojyatalislam Seyyed Mofid Hoseini Kuhsari abordó ulteriormente la gravitación de los cuerpos armados, las capacidades operativas de la defensa, el material bélico y los avances científico-tecnológicos, catalogándolos como dimensiones anexas del poderío estatal.

«Para detentar una posición de fuerza se requieren indiscutiblemente capacidades defensivas, pertrechos castrenses y desarrollo científico de vanguardia. Dichos componentes deben ser integrados sin ambages en el examen integral de una nación».

Subrayó la pertinencia de no aislar estas variables, argumentando que al hablarse de un esquema de estimación divino y coránico, han de confluir armónicamente la totalidad de los vectores que cimentan la fuerza fáctica y canalizan el respaldo de lo Alto.

El religioso puntualizó que la potencia jamás puede reducirse al mero músculo militar o tecnocrático, sino que este debe interactuar de forma armónica con la soberanía divina, la anuencia popular, la claridad ideológica, el desprendimiento, la perseverancia y la cohesión interna.

Balance integral de los criterios coránicos: bases de Irán como primera potencia

Al sintetizar su intervención, el Hojyatalislam Seyyed Mofid Hoseini Kuhsari puntualizó: «Al evaluar estas variables de forma holística, la República Islámica de Irán podrá ostentar la cima en varias de ellas o sobresalir con un rango distintivo en otras; empero, lo decisivo radica en el resultado global que arroja la convergencia de tales indicadores».

Al recapitular los pilares epistemológicos, el diseño de la estructura política, la cohesión popular, el arsenal ideológico del Islam genuino y de proyección civilizatoria, el espíritu combativo de desprendimiento, la paciencia y la tenacidad, ratificó: «Al conjugar estos vectores en su totalidad, se desprende con claridad la conclusión de que la República Islámica de Irán se corona como la primera potencia en la palestra mundial con arreglo a los cómputos de la doctrina y la ley divina».

El docente recordó asimismo que los distintos métodos profanos de cálculo apelan a baremos divergentes.

«Es enteramente comprensible que las escuelas convencionales prescindan de estas variables en sus análisis y clasifiquen a los países con arreglo a patrones puramente materialistas. No obstante, al adoptar como rasero los criterios coránicos, la jerarquía de las naciones debe reconfigurarse obligatoriamente con base en estos mismos parámetros».

Al respecto, citó las directrices formuladas por el Líder Supremo de la Revolución: «Bajo ciertos prismas convencionales, Irán podría aparecer ubicado en un cuarto puesto; mas al aplicar conjuntamente las métricas de la Revelación coránica al escenario de la República Islámica, arribamos a una realidad cualitativamente distinta».

Por último, al analizar el contexto imperante tras el martirio del Líder de la Revolución, subrayó que en diversas de las esferas descritas el posicionamiento de la nación no solo no decayó, sino que experimentó una consolidación manifiesta, factor que resulta indispensable sopesar al valorar el presente curso histórico.

El responsable de Asuntos Internacionales de los Seminarios concluyó: «Si computamos estos presupuestos de manera mancomunada y emitimos un dictamen afianzado en las bases coránicas y la cosmovisión religiosa, la República Islámica de Irán detenta el puesto de vanguardia entre las potencias mundiales».

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