La Agencia de Noticias Hawzah ــ Desde la perspectiva de los sabios religiosos, la educación religiosa del niño es un proceso gradual y adaptado a las etapas de su desarrollo psicológico y cognitivo. El difunto ayatolá Maytabá Tehrani, apoyándose en la sira profética, considera que la edad de siete años constituye un punto de inflexión en la enseñanza práctica de la oración al niño.
En una narración transmitida del Profeta del Islam (P) se relata que el Noble Profeta dijo:
«عَلِّمُوا أَوْلَادَکُمُ الصَّلَاةَ إِذَا بَلغُوا سَبْعًا»
(«Enseñad la oración a vuestros hijos cuando alcancen los siete años» [Kanz al-Ummal, vol. 16, p. 441]).
En esta etapa se plantea el tema de la «enseñanza conductual»; lo que significa que, antes de esta edad, los padres deben mostrar al niño cómo rezan, pero a partir de los siete años es necesario enseñarle la oración de forma práctica.
A esta edad, el niño aprende de manera gradual y, al mismo tiempo, rápida los actos de adoración. Él se forma una imagen mental de lo que ve y la registra en su memoria; por ello, las enseñanzas conductuales pueden influir en él con rapidez.
Asimismo, tras la enseñanza práctica no se debe abandonar por completo al niño; por el contrario, es necesario dar seguimiento a su proceso de aprendizaje mediante la repetición de las enseñanzas y la solicitud de que realice las conductas que ha aprendido.
Por ejemplo, cuando uno de los padres se dispone a orar, primero debe decirle a su hijo: «Cariño, mírame. A esto que estoy haciendo se le llama oración».
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