domingo 12 julio 2026 - 15:59
Caída de los malquerientes; ascenso del Sistema; una lección de la historia para los Lindsey Graham

Hawzah / Historia — La historia separa siempre la verdad de la ilusión. Políticos como Lindsey Graham, con cálculos fallidos y predicciones vacías, prometían la caída del Sistema de la República Islámica de Irán; pero el paso del tiempo demostró que quienes proclamaban el derrumbe, fueron ellos mismos los que cayeron en el olvido. En cambio, la República Islámica de Irán, apoyándose en la sangre de los mártires y en la voluntad del pueblo, no solo permaneció en pie, sino que ahora, tras cerca de cinco décadas, es reconocida como un polo de poder en el mundo.

Según informa la Agencia de Noticias Hawzah, la historia de la Revolución Islámica de Irán es un relato lleno de altibajos, de resistencia, firmeza y victoria frente a toda clase de complots y maquinaciones de los enemigos jurados. Desde los primeros días del triunfo de la Revolución Islámica, el imperialismo mundial y sus aliados regionales se lanzaron con todas sus fuerzas a la campaña para derrocar al naciente sistema de la República Islámica. La guerra impuesta de ocho años, las duras sanciones económicas, el apoyo a grupos terroristas y separatistas, y las amplias campañas mediáticas, fueron solo una parte de estas agresiones organizadas. Sin embargo, no solo ninguno de estos complots dio resultado, sino que el Sistema de la República Islámica de Irán, bajo un liderazgo divino y apoyado en la determinación nacional, salió de cada etapa con mayor solidez y ha demostrado su permanencia a lo largo de casi cinco décadas.

A lo largo de la historia, siempre ha sido visible la confrontación entre los poderes pasajeros y las verdades perdurables. Lindsey Graham —una de las figuras que atacaba con dureza al Sistema de la República Islámica de Irán en las columnas de los medios occidentales— fue un ejemplo de esas mismas corrientes emotivas que, con profecías vacías, prometían constantemente la desaparición de la República Islámica de Irán; pero ahora, mientras él, tras una muerte repentina, ha sido eliminado de la escena mundial y arrojado al basurero de la historia, no solo no se ha producido ese colapso que alegaba, sino que el poder de la República Islámica de Irán permanece, más firme que nunca, en su camino.

La historia ha mostrado que los poderes falsos y los análisis emotivos no son más que sombras pasajeras que se desvanecen ante el sol de la verdad. Muchos políticos y analistas estadounidenses que, con ese mismo lenguaje amenazante, anunciaban la caída del Sistema iraní, hoy ya ni siquiera son recordados. Se fueron, y con ellos enterraron sus promesas de inevitabilidad; mientras que la República Islámica de Irán no solo superó todas las conspiraciones, sino que, con la aparición de cada desafío, redefinió su preparación y su firmeza para enfrentar las adversidades globales.

Esta clara contradicción entre la “muerte de las profecías del enemigo” y la “vida majestuosa del Sistema Islámico” constituye una prueba de que el poder real no reside en las palabras estruendosas de los políticos occidentales, sino en la voluntad colectiva de un pueblo fundado sobre la fe y los ideales divinos.

Lindsey Graham y quienes piensan como él, en un esfuerzo inútil por destruir, no hicieron sino confirmar la permanencia y el arraigo del Sistema de la República Islámica; porque, por mucho que el enemigo avance por el filo de la amenaza, la firmeza de este Sistema es una barrera que despedaza toda ilusión de decadencia.

Hoy, con el paso del tiempo, ha quedado claro que quienes coreaban la caída del sagrado Sistema de la República Islámica de Irán han caído ellos mismos —o caerán— en la decadencia y el olvido. La República Islámica de Irán sigue en pie y firme como un polo poderoso en el mundo; no por obra de consignas políticas, sino por su perseverancia en el camino de la verdad y por su enfrentamiento a la opresión bajo el amparo de las promesas divinas.

En esta gran confrontación, solo permanece una verdad: “Los enemigos vienen y van, pero la verdad y el Sistema nacido de la sangre de los mártires —que están vivos y reciben sustento junto a Dios— permanecerán para siempre, eternos y firmes.” In shā’ Allāh.

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