Ammar enfatizó que el boicot es hoy una de las múltiples herramientas de resistencia —junto a la política, el pensamiento y la cultura—, todas convergentes en el objetivo común de la liberación. El activista señaló que su organización ha participado activamente desde el inicio de la guerra de octubre en la organización de concentraciones y movimientos de campo, instando al pueblo tunecino y a otras naciones árabes a adoptar esta opción como una forma de defensa legítima de los derechos palestinos, a pesar de las dificultades.
El arma de los pueblos
En Túnez, el boicot ha trascendido el mero acto de consumo para convertirse en una posición ética y política arraigada en la conciencia pública. Se ha transformado en un mecanismo de presión pacífica que refleja el rechazo absoluto de los tunecinos a cualquier normalización de relaciones o apoyo a la ocupación israelí.
Los activistas sostienen que el objetivo no es solo boicotear productos, sino cercar material y moralmente al enemigo, concienciando al consumidor de que cada “dinar” gastado puede estar financiando políticas repudiadas por la conciencia colectiva.
Empresas objetivo en el mercado tunecino
Las campañas en Túnez se centran principalmente en empresas bajo contrato de “franquicia” con marcas internacionales acusadas de apoyar la ocupación, o aquellas con vínculos de inversión directos. Entre los nombres más señalados destaca “Carrefour”, cadena de supermercados que ha sido objeto de constantes llamamientos al boicot debido a sus presuntos vínculos con grupos que apoyan la ocupación, a pesar de los esfuerzos de las sucursales locales por desmarcarse alegando que su gestión y fuerza laboral son tunecinas.
Ante la presión, muchas de estas empresas han emitido comunicados explicativos o han lanzado campañas de ayuda humanitaria hacia Gaza en un intento por mitigar la indignación pública y proteger su cuota de mercado, lo que evidencia el impacto tangible de estas acciones en sus beneficios.
Informes económicos del mercado tunecino confirman que el boicot ha tenido efectos reales, provocando caídas significativas en las cifras de ventas de varias marcas internacionales. Asimismo, se ha observado un auge en el consumo de productos locales, un fenómeno que los expertos consideran un paso positivo para el fortalecimiento de la economía nacional.
En la actualidad, el boicot se ha convertido en un tema central de la opinión pública, con activistas que documentan los vínculos de las empresas con la ocupación y exigen la activación de leyes que criminalicen la normalización con el régimen israelí.
Su comentario