Según informó la Agencia de Noticias Hawzah, las condiciones extraordinarias y críticas de la guerra a veces colocan a las personas en situaciones donde todas las opciones posibles parecen prohibidas o incorrectas.
Uno de los escenarios más difíciles para una mujer es verse obligada a elegir entre sufrir una agresión sexual o poner fin a su propia vida. La pregunta sobre si, al optar por lo segundo, sería juzgada y castigada en la otra vida, constituye uno de los principales dilemas en el marco de la “Ética de la guerra”.
En respuesta a esta cuestión, tomada de la serie de preguntas sobre dudas relacionadas con la guerra, se han considerado las opiniones de Hojjatoleslam Reza Parcheh Baf, que se presentan a continuación:
Pregunta:
Si una mujer, en medio de una situación bélica, se ve obligada a elegir entre ser agredida sexualmente o suicidarse, y decide suicidarse, ¿será castigada en la otra vida por esa decisión?
Respuesta:
En tan aterradora situación, la mujer se encuentra bajo ikrah (coacción) y en un estado de extrema y excepcional necesidad. En la jurisprudencia islámica, estos conceptos describen una condición en la que la libertad y la capacidad racional de decisión de una persona quedan anuladas por presiones físicas o psicológicas insoportables. En tales circunstancias, la persona se considera excusada (maʿdhur) desde el punto de vista religioso, incluso si su acción, en condiciones normales, sería ilícita.
Dios dice en el Corán:
«فَمَنِ اضْطُرَّ غَیْرَ بَاغٍ وَلَا عَادٍ فَلَا إِثْمَ عَلَیْهِ» (Sura Al-Baqara, 2:173)
«Quien se vea forzado [a consumir lo prohibido], sin intención de injusticia ni de transgresión, no incurre en pecado».
Aunque este versículo se refiere al consumo de alimentos prohibidos, los eruditos islámicos derivan de él principios generales como rafʿ al-ḥaraj (eliminar la imposición insoportable) y al-ḍarūrāt tubīḥ al-maḥẓūrāt (la necesidad permite lo prohibido), que pueden aplicarse también a otras situaciones de extrema urgencia.
Por tanto, si una mujer, bajo semejante presión insoportable, elige el suicidio para salvaguardar su dignidad y castidad, ella se considera excusada. El juicio definitivo, que solo corresponde a Dios, se basará en su intención, en el grado real de libertad que tuvo en ese momento y en la magnitud del sufrimiento y la angustia que soportó.
La justicia divina no equipara a una víctima coaccionada, que en su desesperación comete un acto ilícito, con alguien que lo realiza en plena libertad y tranquilidad. La misericordia de Dios, que supera Su ira, alcanzará a tal persona. Ella tomó una decisión equivocada, pero en circunstancias donde ninguna otra alternativa real existía para ella.
Su comentario