Ejemplos de cultura ciudadana cuyo incumplimiento constituye una deuda con el prójimo (Haqq-un-Nas)

La cultura ciudadana en el seminario no es solo un conjunto de normas sociales; es, más bien, un reflejo del grado de respeto que tenemos por los derechos, la tranquilidad y la dignidad de los demás en la vida cotidiana. Este asunto adquiere aún mayor importancia para quien se considera religioso y comprometido con la اخلاق religiosa; pues en la conducta de los Ahlulbait (la paz sea con ellos), el respeto a los derechos de los demás y la consideración hacia la gente son de las manifestaciones más claras de la ética y la religiosidad.

Según informa la Agencia de Noticias Hawzah, en el siguiente texto abordamos algunos ejemplos de cultura ciudadana y manifestaciones del respeto a los derechos de los demás en la vida diaria.

Ejemplos de no respetar los derechos ciudadanos en la vida cotidiana:

La fila de la panadería

El panadero dice que la cantidad de pan es limitada y que hay varias personas en la fila, pero alguien, sin prestar atención a los demás, toma varios panes. Tal vez nadie le diga que ha cometido un acto indebido; pero cuando sabe que quizá el pan no alcance para quienes vienen detrás, ¿no sería éticamente correcto tomar un poco menos para que los demás tampoco se queden sin nada?

Esperar unos segundos en el semáforo en rojo

El semáforo acaba de ponerse en verde y apenas han pasado uno o dos segundos, pero desde atrás ya suena el claxon. Tal vez el conductor de delante no se ha dado cuenta, tal vez su vehículo tiene un problema o solo necesita unos instantes para arrancar. No siempre nuestra prisa es más importante que la tranquilidad del otro.

Dar paso a un vehículo que viene de una calle secundaria

A veces un vehículo quiere incorporarse a la vía principal desde una calle o un callejón secundario, pero otros conductores no están dispuestos a esperar unos segundos y abrirle paso.

Estacionar frente a la puerta de la casa de otros

Estacionamos el vehículo frente a la puerta de una casa y decimos: “solo serán unos minutos”. Pero tal vez el propietario necesite entrar o salir en ese mismo momento. Para nosotros son unos minutos, pero para otro pueden convertirse en una molestia y una espera.

Arrojar basura desde el vehículo

Arrojamos por la ventanilla una botella de agua, un pañuelo, una bolsa de alimentos o la cáscara de una fruta. Hacemos un gesto de apenas unos segundos, pero el resultado lo tienen que soportar los demás.

La normalización del lenguaje vulgar en el espacio público

El uso de insultos y palabras groseras en las conversaciones cotidianas, en taxis y en la calle, lamentablemente se ha convertido para algunos en un comportamiento habitual; incluso a veces una simple discusión en la calle termina con el un espacio público peores términos ofensivos, sin que la persona tome en cuenta que se encuentra en un espacio público y que ciudadanos diversos, desde mujeres y niños hasta familias enteras, escuchan involuntariamente esas palabras.

Dejar basura en la naturaleza

Vamos a la naturaleza para descansar, extendemos nuestras cosas y luego lo dejamos todo allí. La naturaleza no es un lugar de uso personal exclusivo; está destinada a que otros también la disfruten después de nosotros.

Escupir en el espacio público

Arrojamos saliva al suelo, al pavimento, al parque o a un lugar público. Es un comportamiento que quizá para nosotros dure un instante, pero que, desde el punto de vista de la higiene, la imagen de la ciudad y el respeto a los demás, resulta muy inapropiado.

Subir demasiado el volumen de la música en la naturaleza y en los parques

Una familia ha ido a la naturaleza a descansar, pero alguien abre la puerta del vehículo y pone la música al máximo. Él y sus amigos disfrutan, pero varias familias se ven obligadas a soportar durante horas la música que ellos prefieren.

Hacer ruido en un apartamento

Tenemos una reunión a medianoche, hablamos en voz alta, ponemos música o hacemos movimientos y ruidos dentro de la casa, sin pensar que detrás de la pared puede haber una familia con un niño, una persona mayor o alguien que necesita dormir y descansar.

Hablar en voz alta en el transporte público

En el autobús, taxi, tren o avión hablamos por teléfono en voz alta e incluso, a veces, hacemos que todos escuchen nuestra conversación privada. Los demás no están obligados a ser testigos de nuestra conversación.

Reproducir videos y audios con volumen alto en lugares públicos

En espacios públicos reproducimos videos o audios del teléfono sin audífonos y con el volumen alto. Tal vez durante unos minutos sea entretenido para nosotros, pero para los de alrededor puede resultar molesto.

Estacionar sobre la acera

Colocamos el automóvil o la motocicleta sobre la acera y obligamos al peatón a salir a la calle. Para nosotros puede ser solo unos minutos de estacionamiento, pero para un niño, una persona mayor o una persona con movilidad reducida puede convertirse en un obstáculo serio y peligroso.

Saltarse la fila

En la panadería, el banco, el consultorio, la tienda o cualquier otro lugar decimos: “solo tengo un asunto” y avanzamos sin respetar la fila. La cuestión no son solo unos minutos; la cuestión es que hemos considerado el tiempo y el turno de los demás como menos valiosos que los nuestros.

Tocar el claxon y generar contaminación acústica

A veces, por el más mínimo motivo, tocamos el claxon: cuando cambia el semáforo, cuando el vehículo no arranca, para saludar o incluso por enfado. Tal vez nosotros lo olvidemos a los pocos minutos, pero quien está en casa, en el trabajo o en un hospital junto a la calle se ve obligado a soportar ese ruido.

Empujar a otros en lugares concurridos

En el metro, el autobús, un santuario o la entrada de una ceremonia, tenemos tanta prisa por avanzar que empujamos a los demás y, especialmente, presionamos a ancianos y niños. Llegar antes nosotros no debe ser a costa de dañar a otro.

Llegar al santuario a costa de molestar a los peregrinos

En el santuario de los Ahlulbait (la paz sea con ellos), a veces tenemos tanta prisa por llegar al zarih que apartamos a otros, los empujamos o incluso perjudicamos a un niño o a una persona mayor. Si la visita religiosa debe acercar al ser humano a la moral, ¿cómo puede uno ignorar entonces el derecho y la tranquilidad de otro peregrino?

Bloquear el paso de los peatones

Colocamos motocicletas, bicicletas, automóviles o incluso mercancías de una tienda en el camino de los peatones y esperamos que la gente pase por otro lado. El espacio de paso de las personas no es un lugar para colocar nuestros objetos personales.

Doble fila

Para hacer una compra, dejar a un pasajero o incluso para una breve conversación, estacionamos el vehículo en doble fila y bloqueamos la circulación de varios automóviles. El hecho de que “no tardaremos mucho” no significa que los demás deban pagar el costo de nuestro desorden.

Ocupar un lugar de estacionamiento público

Reservamos un espacio público de estacionamiento con una silla, un cubo, una caja o cualquier otro objeto, como si el espacio común fuera una parte de nuestra propiedad privada.

Fumar sin tener en cuenta a los demás

En un espacio compartido, sin considerar la presencia de otros o de personas a las que el humo les molesta, fumamos y exponemos involuntariamente a los demás al humo.

Usar instalaciones públicas sin cuidarlas

Dañamos o ensuciamos bancos, juegos de parque, baños públicos, aparatos deportivos u otras instalaciones públicas porque pensamos que “no son nuestras”. Precisamente porque son de todos, debemos cuidarlas aún más.

Y quizá existan muchos otros casos más, cada uno de los cuales muestra, de una u otra manera, el grado de atención que prestamos a los derechos, la tranquilidad y la dignidad de los demás ciudadanos; y respetarlos puede dar lugar a una sociedad más respetuosa y más ética para todos.

Y debemos preguntarnos a nosotros mismos:

“¿Tengo derecho a ignorar la tranquilidad, el tiempo, la seguridad o los derechos de otra persona solo por mi propia comodidad?”

Y para quien se considera religioso, surge además otra pregunta:

“Si la gente ve mi comportamiento, ¿les mostrará ese comportamiento una imagen de la ética religiosa?”

Quizá la cultura ciudadana, al final, no sea otra cosa que esto: mirar, antes que nuestra propia comodidad, también la tranquilidad y los derechos de los demás.

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