sábado 22 agosto 2026 - 17:12
El legado del Imam Mártir: pensamiento, acción y generación de poder

El ayatolá Arafi presenta al Imam Mártir como un gran teórico y líder, capaz de unir el pensamiento y la acción y de transformarlos en una fuerza concreta. Su obra contribuyó al fortalecimiento de Irán, especialmente en los ámbitos de la ciencia, la tecnología y la defensa, señalando un camino de independencia y poder que debe continuarse en todos los campos.

 la agencia de Noticias Hawzah – En el discurso pronunciado por el ayatolá Alireza Arafi, director de los seminarios islámicos de la República Islámica de Irán, durante la ceremonia celebrada a los cuarenta días del sepelio del Imam mártir Seyyed Ali Khamenei —realizada en el shabestán del Imam Jomeini, en el santuario de la venerable Fátima Masuma (la paz sea con ella), en la ciudad santa de Qom, y convocada por el Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyyed Mojtaba Khamenei—, se presenta su personalidad como extraordinariamente amplia y multifacética. Mientras que muchas figuras históricas se distinguen únicamente en uno o unos pocos ámbitos, existen personalidades en las que convergen numerosas cualidades y capacidades; el Imam Mártir pertenece a esta rara categoría. Hombre de conocimiento, dotado de elevadas capacidades de liderazgo, gestión y dirección, reunía en sí múltiples dimensiones. Su personalidad es tan rica que se requieren numerosos estudios y análisis para exponer adecuadamente sus diversas características.

Entre sus rasgos más importantes, Arafi destaca la unión entre el pensamiento y la acción. Hay personas capaces de elaborar ideas y teorías, pero débiles en la acción y en la conducción práctica; hay otras que poseen notables capacidades operativas y organizativas, pero carecen de sólidos fundamentos intelectuales y teóricos. Sin embargo, son escasas las personalidades que reúnen ambas cualidades. El Imam Mártir poseía plenamente esta doble capacidad, a la que se añadía una tercera y fundamental característica: la facultad de transformar el pensamiento y la acción organizada en una fuerza concreta para la sociedad.

Arafi identifica, por tanto, tres aspectos principales de la obra del Imam Khamenei. El primero es el de teórico y creador de una visión islámica del gobierno y de la sociedad. A lo largo de casi cuatro décadas, elaboró y propuso numerosas concepciones sobre la administración de la sociedad, la cultura, la economía y la política, basadas en la perspectiva del islam y orientadas a la construcción de la civilización islámica. El segundo aspecto consiste en su capacidad de traducir la teoría en acción: no fue solamente un hombre de ideas, sino también un organizador y un líder capaz de transformar principios y proyectos en realidades operativas, dirigiendo movimientos y creando estructuras adecuadas para la realización de sus objetivos. El tercer aspecto, y el más amplio, fue su papel como artífice de la generación de poder; es decir, la capacidad de convertir el pensamiento y la organización práctica en fuerza concreta en los distintos ámbitos de la vida colectiva.

Una de las principales manifestaciones de esta obra se refiere al campo de la ciencia y la tecnología. El mundo islámico ha padecido durante mucho tiempo dependencia y retraso en estos sectores, y el objetivo del Imam Mártir era conducir a Irán hacia la independencia científica y tecnológica. Por ello, insistía en la necesidad de poner en valor a las universidades, los seminarios religiosos, los investigadores, los jóvenes y los centros científicos, para que el conocimiento y la innovación surgieran de las propias capacidades de la sociedad iraní y musulmana. Arafi subraya asimismo la importancia que se concedía a superar el retraso histórico mediante un esfuerzo intenso y rápido, al apoyo a las élites científicas y al logro de las fronteras del conocimiento. Desde esta perspectiva, los avances logrados en numerosos sectores de vanguardia representan el resultado de un largo camino hacia la autonomía científica y tecnológica.

La segunda gran manifestación de la generación de poder se relaciona con la capacidad defensiva y militar. Al evocar las experiencias pasadas de debilidad y dependencia de Irán, Arafi afirma que el Imam Mártir construyó un sistema defensivo independiente, basado en el desarrollo de las capacidades internas. Su principio no era buscar la guerra, sino estar firmemente dispuesto a defender al país hasta el final siempre que la defensa fuera necesaria. Por esta razón, se opuso decididamente a la idea de renunciar a las capacidades defensivas y al progreso en el sector armamentístico. Al mismo tiempo, concedió gran atención a la planificación, la previsión y la preparación militar.

Esta orientación condujo a la formación de una estructura defensiva independiente, científica y fundamentada en la participación popular, mediante el desarrollo de las industrias militares, la formación de los comandantes y de las fuerzas armadas, y el fortalecimiento de su fe y motivación. De este modo, la defensa fue concebida como un sistema basado en la fe, la participación del pueblo y el conocimiento científico.

En conclusión, el ayatolá Arafi presentó el legado del Imam Mártir como un camino de independencia y fortalecimiento integral, destinado a continuar en los distintos ámbitos de la política, la cultura, la economía, la ciencia, la tecnología y la defensa. Todas las instituciones del país deben seguir recorriendo este camino, buscando la autonomía y el fortalecimiento integral de Irán y manteniendo la unidad, la firmeza y la fidelidad a los ideales de la Revolución Islámica.

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