Según informa la Agencia de Noticias Hawzah, el Amir al-Mu’minín, Imam Alí (la paz sea con él), en el Nahŷ al-Balagha expone reflexiones sobre el tema «El benefactor, mejor que la buena acción», que se presentan a continuación a los estimados lectores.
Sabiduría 32:
«فَاعِلُ الْخَیْرِ خَیْرٌ مِنْهُ، وَ فَاعِلُ الشَّرِّ شَرٌّ مِنْهُ»
Traducción:
Quien hace el bien es mejor que su obra, y quien comete el mal es peor que su acción.
Comentario:
Mejor que el bien y peor que el mal
El Imam (la paz sea con él), en esta breve y profunda sentencia, declara:
«Quien hace el bien es mejor que su obra, y quien comete el mal es peor que su acción» (فَاعِلُ الْخَیْرِ خَیْرٌ مِنْهُ، وَفَاعِلُ الشَّرِّ شَرٌّ مِنْهُ).
Sobre por qué el autor de una acción buena es mejor que su obra, y el autor de una acción mala es peor que ella, se han señalado varias razones:
El autor siempre es más fuerte que el acto.
Si se trata de un bien, la fuerza interior del autor lo hace superior a su acción; si es un mal, el autor lo empeora por su propia condición.
La disposición interior del individuo.
La persona que realiza un acto suele poseer un hábito o cualidad interior que da origen a muchos otros. Así, cuando alguien acaricia a un huérfano o socorre a un necesitado, ello refleja que posee en su interior una virtud capaz de producir decenas, centenares o miles de actos semejantes. Por eso, el autor es mejor que la acción misma.
El alcance de la intención.
Quien realiza el bien, a menudo desea hacer algo aún mayor, aunque no disponga de los medios. Su aspiración es más elevada que el acto concreto que lleva a cabo, y a veces lo expresa abiertamente: “Ojalá pudiéramos hacer más; si tuviéramos los recursos, lo haríamos”. De igual forma, muchos malhechores poseen en su interior intenciones de mal mucho más graves que las que efectivamente ejecutan; si tuvieran poder, multiplicarían sus actos perversos.
En un hadiz del Imam al-Báqir (la paz sea con él) se recoge:
«La intención del creyente es mejor que su acción, porque desea realizar bienes que no logra concretar. En cambio, la intención del incrédulo es peor que su obra, pues concibe males que no alcanza a ejecutar» (Bihâr al-Anwâr, t. 67, p. 190).
La superación de obstáculos.
Quien realiza una obra buena suele enfrentarse a frenos internos como pasiones o tentaciones, que debe resistir y vencer para poder llevar a cabo el bien; esa resistencia añade valor a su acción. En cambio, quien comete un mal enfrenta advertencias internas como la voz de la conciencia, la naturaleza innata y las órdenes divinas, pero las ignora deliberadamente para seguir el camino del mal. De este modo, es peor que el propio acto.
Estas cuatro explicaciones no se contradicen entre sí y pueden coexistir en el sentido del hadiz.
Notas:
Bihâr al-Anwâr, vol. 67, p. 190.
Râh-e Rowshan, vol. 1, p. 153.
En las fuentes del Nahŷ al-Balagha se señala que varios sabios posteriores a Sayyid Radí recogieron este dicho en sus obras, a veces con variaciones, entre ellos Zamajsharí en Rabî‘ al-Abrâr (capítulo “El bien y la rectitud”) y Amadí en Ghurar al-Hikam. De los autores anteriores a Sayyid Radí, lo transmitió Abû ‘Alí Qâlî (m. 356 H) en su obra Amâlî. En Tammâm Nahŷ al-Balagha también figura como parte del sermón “al-Wasîlah”, que no aparece en la compilación habitual del Nahŷ al-Balagha (p. 157).
Fuente: Payâm-e Imâm Amîr al-Mu’minín (la paz sea con él), Comentario renovado y completo sobre el Nahŷ al-Balagha.
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