miércoles 20 agosto 2025 - 23:42
Nota | El papel de la fe en la empatía

Hawzah/ La empatía en la fe alcanza su plenitud cuando la humildad nos libera del egocentrismo. A la luz de la fe, la modestia y la sencillez, como raíces firmes, arrancan el orgullo del alma y preparan el corazón para el amor.

Agencia de Noticias Hawzah / En el mundo actual, las personas se han distanciado unas de otras; sin embargo, esta distancia no se refiere a kilómetros o a la geografía, sino a la separación de los corazones y de los sentimientos. En medio de este alejamiento, lo que acerca a las personas y calienta los corazones es la empatía.

La empatía es un puente que une a las almas. Nace cuando los corazones escuchan los latidos del otro y las manos se estrechan con calidez. Lo que puede reforzar esta empatía es la fe. La fe en Dios intensifica la empatía.

La fe moldea al ser humano y, frente a la ansiedad y la soledad, es como una montaña que lo salva de la tormenta. Quien cree en Dios comparte empatía con los demás, comprende sus emociones y sentimientos, se pone en el lugar del otro, siente su dolor como propio y lo auxilia.

La empatía ocupa un lugar central en las enseñanzas islámicas. El Profeta —la paz y las bendiciones sean con él y su familia— consideraba a los creyentes como un solo cuerpo: si un miembro sufre, los demás se inquietan y lo acompañan. En la narración se dice:

«El ejemplo de los creyentes en su amor, compasión y afecto mutuo es como el de un cuerpo; si un miembro duele, todo el cuerpo comparte el desvelo y la fiebre».

(Mizan al-Hikmah, Reyshahri, 1389, vol. 4, p. 2753)

Uno de los caminos para fortalecer la empatía es la dignificación.

Dignificar significa reconocer correctamente el valor propio y el de los demás. El Islam considera al ser humano como un ser distinguido y de dignidad intrínseca; en ciertos versículos incluso lo coloca por encima de los ángeles. En otras palabras, dignificar implica reconocer los valores internos y externos del hombre y crear un terreno propicio para el desarrollo de sus perfecciones. Cuando este terreno se cultiva, la empatía surge y se consolida naturalmente.

Otra vía que favorece la empatía es la humildad. La modestia y la sencillez fueron rasgos muy visibles en la vida de los Imames inmaculados. La humildad significa someterse ante la verdad: el creyente, por su fe, nunca se siente superior a los demás ni se deja atrapar por la vanidad, el egocentrismo o la arrogancia. Siempre se muestra humilde frente a otros siervos de Dios y se reconoce pequeño ante la verdad. Cuanto mayor es la humildad, mayor será la empatía con los demás.

Otra forma de reforzar la empatía es mediante el amor y la bondad. No se trata únicamente de palabras, sino de acciones concretas que lo manifiesten.

El ser humano es jalifatullah, representante de Dios en la Tierra. El creyente debe reflejar en sí los atributos divinos; así, la misericordia y la bondad de Dios, iluminadas por la fe en su corazón, se expresan en su conducta y sus actos.

La misericordia implica la gracia y el favor de Dios hacia Sus siervos, pero el creyente recibe este atributo de su Creador. Una persona así no piensa solo en su propio destino, sino también en el de los demás; ama a los otros tanto como a sí mismo. Esta manifestación de la misericordia divina en el creyente llega a tal grado que no solo muestra amor, sino que alcanza otra virtud: el altruismo. Como dice Dios:

«Prefieren a otros por encima de sí mismos, incluso si ellos mismos se encuentran en necesidad».

(Surat al-Hashr, 9)

Por lo tanto, una de las formas de mostrar empatía es el amor. Quien tiene fe, multiplica su amor hacia los demás.

Aunque hoy en día se difunda la idea de que las personas se han vuelto indiferentes entre sí y que la empatía ha desaparecido, las crisis recientes han demostrado lo contrario. Por ejemplo, durante la guerra, la solidaridad y empatía entre los iraníes quedó en evidencia para todos.

Con frecuencia, la gente de nuestro país enfrenta dificultades económicas y, aun así, se ayuda mutuamente. Esa ayuda no se limita solo a los suyos, sino que se extiende a otros musulmanes. En momentos de apoyo a los pueblos de Gaza y Líbano, muchos entregaron objetos valiosos y sus joyas de oro para expresar su empatía, lo que demuestra que este sentimiento nace de su fe.

Uno de los obstáculos que debilita la empatía es la arrogancia, el egoísmo y el orgullo.

La persona arrogante solo se ve a sí misma y le impide alcanzar la plenitud espiritual. Olvida el pilar fundamental de la empatía: ver y reconocer al otro. La indiferencia también constituye un freno, pues endurece el corazón y no permite que la luz de la empatía lo ilumine.

A la luz de lo expuesto, la empatía en la fe alcanza la perfección cuando la humildad nos libera del egocentrismo. La fe, con sus raíces de modestia, arranca el orgullo del alma y dispone el corazón para el amor. El amor une los corazones y el altruismo convierte la compasión en acción. Estos elementos, claves de la salvación, hacen de la empatía una realidad sólida.

Asieh Ansarifard

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