Agencia de Noticias Hawzah | En las últimas décadas, los chiíes del Líbano se han convertido en uno de los actores geopolíticos más influyentes de Oriente Medio. Esta posición no se debe únicamente a su peso demográfico, sino al crecimiento estructurado de movimientos político-militares como Amal y, especialmente, Hezbolá.
La conexión estratégica de los chiíes libaneses con la República Islámica de Irán y con una estructura más amplia llamada Eje de la Resistencia los ha convertido en un factor de equilibrio frente a Israel y sus aliados regionales.
1. Relación estratégica con Irán y el Eje de la Resistencia
Irán, como líder intelectual y operativo del Eje de la Resistencia, ha desempeñado un papel clave en el entrenamiento, equipamiento y orientación de Hezbolá. Doctrinas como la Wilayat al-Faqih (Gobierno del Jurisconsulto), junto con el apoyo militar de la Fuerza Quds del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución y la ayuda económica, han creado una estructura de resistencia en el sur del Líbano que no solo protege los intereses chiíes, sino que también actúa como un factor estabilizador frente a amenazas externas.
En este contexto, las experiencias de Irak y Yemen demuestran que una resistencia popular organizada puede cambiar el equilibrio de poder a favor de las naciones. En Irak, los grupos de resistencia, al derrotar al ISIS y limitar la influencia directa de EE.UU., se consolidaron como fuerzas clave en el ámbito de la seguridad y la política. En Yemen, los Ansarolá, pese al asedio y los ataques masivos, han desafiado a la coalición saudí-emiratí mediante su capacidad disuasoria con misiles y drones. Estos dos ejemplos ilustran el papel de las fuerzas ideológicas en la defensa de la independencia y la dignidad nacional, un modelo que Hezbolá representa en el Líbano.
2. Hezbolá y su posición regional en la Resistencia
Hezbolá ha trascendido su condición de grupo libanés para convertirse en un brazo regional de la Resistencia. Su papel en la retirada israelí del sur del Líbano (2000), su resistencia durante la guerra de 33 días (2006) y su apoyo a los frentes antiterroristas en la región han fortalecido su posición no solo entre los chiíes, sino también entre amplios sectores de la sociedad árabe. Los medios afines a la Resistencia promueven un discurso de dignidad frente a la sumisión y la normalización con Israel.
3. La necesidad de preservar el armamento de Hezbolá
En un Líbano sumido en crisis políticas, económicas y sectarias, algunos grupos (con respaldo externo) exigen el desarme de Hezbolá. Sin embargo:
El armamento de Hezbolá es un elemento disuasorio real contra las agresiones israelíes, especialmente cuando el ejército libanés tiene capacidades defensivas limitadas.
Las experiencias de Irak y Yemen prueban que solo las fuerzas populares entrenadas e ideológicamente comprometidas pueden enfrentar el terrorismo, la injerencia extranjera y los proyectos separatistas.
Desarmar a Hezbolá significaría eliminar la capacidad defensiva independiente del Líbano y allanar el camino para los proyectos israelíes-estadounidenses en la región.
El camino independiente de Hezbolá y la comunidad chií libanesa
Hoy, Hezbolá y los chiíes libaneses han definido su rumbo con mayor claridad que nunca. Ya sea que Irán continúe su apoyo o no, esta comunidad ha alcanzado una madurez ideológica y organizativa que le permite mantener su independencia estratégica. Aunque los vínculos políticos, religiosos y de seguridad con Irán siguen siendo clave para el equilibrio regional, la experiencia de resistencia y el capital social acumulado en las crisis recientes demuestran que la identidad y la voluntad de los chiíes libaneses no dependen de ningún poder externo.
El camino elegido por Hezbolá y los chiíes libaneses es el resultado de una decisión consciente de generaciones de resistencia: un camino para preservar la dignidad, el honor y la independencia nacional, incluso si algún día el apoyo regional e internacional disminuye.
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