Arbaín: la refutación de la teoría de la sociedad civil occidental

Hawzah – La marcha de Arbaín, con la participación de millones de personas despojadas de intereses individuales, se convirtió en el mayor desafío a la teoría de la sociedad civil occidental. Este grandioso acontecimiento demostró que, en contra de los fundamentos del liberalismo, el “sacrificio” puede ser una fuerza motriz mucho más poderosa que el “interés personal” para la participación pública. Arbaín no es una simple acción colectiva, sino una manifestación de la civilización superior islámica, donde la espiritualidad sustituye al cálculo material.

Agencia de Noticias Hawzah | La teoría de la sociedad civil, considerada la síntesis de la civilización occidental y el punto culminante de las ciencias humanas, se basa en dos principios fundamentales:

Primero, el individuo privado, cuya finalidad no va más allá de sí mismo y que solo persigue su beneficio personal.

Segundo, la esfera pública, entendida como un mediador entre esos individuos, ya que cada uno de ellos, para alcanzar sus propios intereses y cubrir sus necesidades, no tiene otra opción que relacionarse con los demás.

Bajo esta interpretación, el interés personal constituye el único motivo que lleva a los individuos a respaldar los asuntos públicos.

Los integrantes de la sociedad, en esencia, no buscan nada más allá de su beneficio individual, y su participación en lo público se explica únicamente como un medio para asegurar sus propios intereses.

Tal como se recoge en la enciclopedia política, la sociedad civil se define como un sistema de individuos que persiguen su interés privado.

Incluso la representación de la “voluntad y el querer públicos”, que se considera deber de la sociedad civil, se reduce a esta misma lógica: cada persona, en el camino hacia sus propios intereses, necesita la ayuda de otros, y esta necesidad se convierte en la representación de una voluntad colectiva que, si bien es la voluntad de la sociedad, recibe apoyo solo porque garantiza los beneficios privados de sus integrantes.

La misma exigencia que la sociedad civil plantea al Estado respecto a la satisfacción de las necesidades públicas se interpreta bajo este prisma.

Es decir, dado que la consecución de los intereses privados de los ciudadanos depende del cumplimiento de esas demandas públicas por parte del Estado, se organizan y actúan de este modo.

Por ejemplo, cuando los miembros de la sociedad civil perciben que necesitan libertad y derechos individuales, convierten esa necesidad personal en una exigencia pública y, a través de ella, ejercen presión sobre el gobierno. De hecho, lo que persiguen es su propio beneficio personal, aunque este pueda abarcar también a otros; sin embargo, lo que prevalece en la sociedad civil es el interés individual, y no existe otra motivación para participar en asuntos públicos.

Hoy, sin embargo, la experiencia de la marcha de Arbaín desafía de raíz estos fundamentos teóricos.

Millones de personas participan en Arbaín sin ningún motivo personal, mostrando con ello que, en ocasiones, para la implicación pública no se requiere del interés propio. Esto deja en evidencia la incapacidad de la sociedad civil para resolver los problemas colectivos.

Arbaín es un asunto común en el que no interviene el beneficio privado de los individuos, sino que está acompañado del desprendimiento de tales intereses.

Esto significa que la fuerza motriz de Arbaín puede aparecer en la esfera pública en cualquier tiempo y circunstancia, resolviendo problemas que la sociedad civil solo logra afrontar cuando esas soluciones redundan en ventajas personales para sus miembros.

En el ámbito de las ciencias humanas occidentales, no se concibe ninguna fuerza impulsora para la acción cívica que no sea el interés personal.

La marcha de Arbaín, en cambio, constituye una prueba clara de la falsedad de ese supuesto.

La civilidad no significa otra cosa que el perfeccionamiento del ser humano en cultura y civilización, y se manifiesta en su máxima expresión en acontecimientos sublimes del islam, como este evento de Arbaín.

Es allí donde la cultura progresista de las personas se perpetúa al desprenderse de los intereses individuales y caminar hacia la razón y la espiritualidad husainí, sin que en este grandioso movimiento cultural, que exhibe la racionalidad y la espiritualidad avanzada de los seres humanos ante el mundo materialista de Occidente, exista ni un ápice de interés personal.

Mohammad Erfan Khani

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