lunes 5 octubre 2026 - 16:14
Pedir negociaciones ha enviado señales de debilidad al enemigo

Hawzah/ Un profesor del Seminario Islámico de Qom, al subrayar que la presencia popular en las calles forma parte de la yihad contra los planes del enemigo, ha afirmado que el adversario percibe las peticiones de diálogo como una señal de debilidad; un enemigo que ha atacado a la nación en dos ocasiones en plenas negociaciones. Algunos justifican esto diciendo que se busca demostrar al mundo que no somos belicistas y que apostamos por el diálogo; sin embargo, ¿cuánto más hay que proclamarlo? Si el mundo hubiera querido entenderlo, ya lo habría hecho; de lo contrario, jamás lo comprenderá.

Según el corresponsal de la agencia de noticias Hawzah, durante una intervención en el centro de gestión de los seminarios islámicos de Qom, el Hoyatolislam Kazem Sepasi Ashtiani advirtió que la insistencia en pedir negociaciones transmite señales de debilidad a Estados Unidos, recordando que el adversario ya ha atacado al país en dos ocasiones mientras se dialogaba.

El docente afirmó que la masiva presencia del pueblo en las calles constituye un claro ejemplo de «yihad en el camino de Dios» que neutraliza los planes del enemigo, y exigió que las autoridades expliquen la lógica detrás de los prolongados diálogos en Nueva York con los verdugos de científicos y ciudadanos iraníes. Asimismo, criticó severamente la propuesta de diluir el uranio enriquecido al 60 %, señalando que representa un pilar fundamental del poderío del país y que Washington solo retrocede ante la fuerza, no ante las concesiones o acuerdos que el propio adversario ha roto repetidamente.

En el plano regional, el profesor destacó los avances y la firmeza del Eje de la Resistencia: resaltó las victorias continuas de Yemen frente al armamento avanzado, la superación del asedio aéreo impuesto a Irak, la supervivencia y resistencia de Hezbolá ante las presiones sionistas, y la reorganización de Hamás con miles de nuevos efectivos.

Finalmente, advirtió sobre la inminente combinación de guerra dura y cognitiva por parte del enemigo, orientada a generar divisiones y presentar los problemas económicos como fallas exclusivamente internas. Si bien reconoció que existen deficiencias de gestión en áreas como el control cambiario que deben corregirse, subrayó que la presión exterior busca asfixiar la economía, y enfatizó que un país capaz de desarrollar tecnología militar de vanguardia también cuenta con la capacidad de resolver sus desafíos socioeconómicos mediante la unidad y la resistencia bajo el liderazgo supremo.

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