Memorias de los sabios | El milagro de la oración de Ja‘far al-Tayyar en los desiertos de Arabia Saudita

Hawzah/ El fallecido Ayatolá Sayyed Abdul A‘la Sabzevari era constante en la práctica de la oración de Ja‘far al-Tayyar y, aun después de caer enfermo, cumplía con su rezo compensatorio. A los cuarenta años, durante un viaje de peregrinación a La Meca, en medio del desierto y ante la desesperación de sus compañeros, recurrió al Imam Mahdi (Que Dios apresure su llegada) mediante esta oración. Tras concluirla, apareció un jinete desconocido que les dio agua y pan, encendió el autobús, les indicó el camino hacia La Meca y le transmitió un saludo especial.

Según informó la Agencia de Noticias Hawzah, una de las características destacadas del Ayatolá Sabzevari fue su constancia en la oración de Ja‘far al-Tayyar. La realizaba todos los días y, durante los días que estuvo hospitalizado en Kufa, al recibir el alta, repuso todas las oraciones que había dejado pendientes.

En una ocasión, narró a un grupo de estudiantes bahreiníes una experiencia vivida a la edad de cuarenta años:

“Viajábamos en autobús hacia la peregrinación a La Meca. En medio del desierto de Arabia Saudita, el vehículo se extravió y, tras una larga confusión, se apagó al quedarse sin combustible.

Todos descendimos del autobús y, al agotarse el agua y los alimentos, cundió la desesperación. Algunos comenzaron a invocar a Dios, mientras otros lloraban recordando sus hogares, esposas y familias.

En ese momento pensé en recurrir al Imam Mahdi (Que Dios apresure su llegada) mediante la oración de Ja‘far al-Tayyar. Tomé mi alfombra de oración, me aparté un poco del grupo y me dirigí a Él en súplica.

Al terminar la oración, uno de mis compañeros llegó apresurado. Le pregunté qué sucedía y me respondió: ‘Todos te esperan dentro del autobús’.

Pregunté: ‘¿Cómo se encendió el autobús?’.

Me dijo: ‘Después de que te fuiste, apareció un jinete que nos dio agua y pan; con una indicación suya, el autobús arrancó. Luego señaló el camino hacia La Meca y, al marcharse, nos pidió que llamáramos a ese sayyed y le transmitiéramos su saludo’.

El autobús siguió la ruta indicada y llegamos sanos y salvos a La Meca.”

Fuente: Qasas wa Khawatir, pp. 149-151

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